Sunday, May 14, 2006

LIDER
Una de las cosas más interesantes, extrañas y particulares que les puedo relatar de mi vida es mi paso por el liderazgo.
No nací líder. He sido más bien tímido, huidizo, sociofóbico y con apasionado interés por cultivar un perfil bajo. Pero las circunstancias de la vida me llevaron a tener que asumir liderazgos. Esas trampas que no podés evitar y que sólo deseás que terminen un día.
Lo peor es que me pasó varias veces. Y siempre estoy a un tris de que me vuelva a suceder.
Les voy a contar la experiencia hasta ahora más larga, y tal vez bastante trascendente. Acababa de cumplir 43 años y me había transformado en un experto en mi trabajo en una compañía multinacional. Los que laburan en este tipo de empresas saen cuál es el secreto para sobrevivir y crecer allí: hacer las cosas como dicen las normas y procedimientos, "dejar debido testimonio (para las auditorías de todo tipo que suelen aparecer)" y obtener buenas calificaciones en las evaluaciones de desempeño anuales. Es decir: todo un certificado para el aburrimiento.
Todo sucedió así hasta que un amigo que es consultor de empresas me ofreció participar de una selección como "número puesto", siempre y cuando el Directorio aprobara mis antecedentes. El puesto era el de Gerente Administrativo de una compañía nacional de servicios con muy buena inserción en el mercado. Si bien la administración no era mi fuerte, el desafío era muy tentador y nunca había osado llegar tan lejos.
Me entrevistaron, me aprobaron y renuncié a mi trabajo. Y hacia el nuevo objetivo me dirigí.
El primer día todos me evaluaban, me probaban, trataban de medir mi resistencia, querían saber hasta dónde me podrían arrastrar. Los otros gerentes, los jefes, los delegados y hasta los empleados. Se me hacía evidente que los de arriban querían saber si habían acertado con la elección. Los de abajo probaban hasta dónde podían confiar en mí. ¿Estaría con ellos o con los patrones?
Pero aquella primera semana sería decisiva.
- Che, Juanca –vociferó el Director General en el teléfono- aquí me dicen que el Jueves Santo es laborable, que se labura…
- Sí, así es Jaime, es laborable.
- Che, no puede ser! Tengo reservas hechas en un hotel en Río, yo creía que era feriado…
- Bueno, váyase… ¿para qué es el mandamás? No necesita dar explicaciones a nadie si no aparece ese día…
- Ah, no… no me gusta nada esa cuestión: yo al sol en Copacabana y ustedes laburando… ¿Por qué no se viene para mi oficina?
En el camino cambié ideas con los otros gerentes: a todos les venía bien no labural el jueves. El más problemático, el Gerente Operativo, encargado de los "servicios" que prestaba la empresa me confesó que tenía todo armado como para cambiar las fechas de la atención a los clientes en un tris.
Cuando llegué a la Dirección, era un bloque de seguridad. Cuando me preguntó que opinaba, le confesé que ya había consultado a los principales y que podíamos cortar.
Jaime me confesó que aunque le hubiera dicho que no, el se iba a mandar el decretazo y el jueves no se trabajaba aunque los clientes chillaran.
Antes del mediodía de aquel día en la cartelera de la empresa apareció una nota firmada por mí informando "que el Jueves Santo no se trabajará".
Sin querer, había logrado un triunfo y el apoyo popular. Todos los que no me conocían y pensaban que tenían que evaluarme ya lo habían hecho: yo era un ídolo.
- ¿Lo podemos besar? –preguntó la más osada. Así fue como, un grupo de mujeres emocionadas me rindió homenaje. Yo trataba al principio de aclarar que no había sido yo sino la confusión de nuestro número uno.
Y yo, antilíder, sin hacer nada había ganado la primera batalla.
Aunque haya habido tantos otros que perdí. Pero esos son temas para otros muchísimos posts.
Y una moraleja final: líder no se nace ni se hace: se espera una casualidad y se lo logra.

2 Comments:

Blogger Magallanes said...

bonita historia..
saludos

1:28 AM  
Anonymous Anonymous said...

MUY BUENA HISTORIA ES LO K BUSCABA PARA COMPLMENTAR UNA EXPOSICION SOBRE LIDERAZGO GRAZPOR COMPARTIR

1:15 AM  

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